Redefiniendo y desmitificando el éxito

Tal vez por las experiencias vividas a título personal y tal vez por trabajar con cientos de jóvenes día a día mi opinión personal sobre el éxito está algo condicionada. Muchos padres y madres y muchos jóvenes se obsesionan con la excelencia buscando colegios, universidades, o equipos deportivos muy reconocidos confiando en que el éxito estará garantizado. A todos aquellos que puedan pensar así les invito a hacer una reflexión.

Hay una tendencia cada vez mayor a valorar la educación en base al éxito que se puede obtener por el título obtenido, por el ranking del centro educativo, por el salario medio obtenido al concluir una formación o por el número de estudiantes que, después de pasar por una institución, pasan a estudiar en una prestigiosa universidad o a trabajar para una multinacional. En primer lugar, ¿son estos indicadores reales del éxito? ¿Es realmente éxito estudiar en una determinada universidad o conseguir un puesto de trabajo en una empresa mundialmente conocida? Para poder argumentar mejor mi punto de vista y dar pie a esa reflexión es importante conocer que entiendo por éxito. Para ello me gustaría parafrasear a Arthur Ashe (ex tenista profesional afroamericano nacido en Virginia, Estados Unidos, y formado en UCLA que deslumbró en los 70): “El éxito es un viaje, no un destino. El hecho de competir y superarse es más importante que el resultado”.

141429997Si escribimos “éxito” en google y buscamos imágenes veremos alpinistas en la cima de una montaña, estudiantes sosteniendo un título con el puño en alto o deportistas levantando trofeos. Esta es la imagen que todos tenemos porque en nuestra sociedad el éxito está siempre asociado a resultados lo que contradice la forma de entender éxito de Arthur Ashe (y por extensión la mía propia). Esta creencia social que nos lleva a centrarnos solamente en los resultados hace que demos mucho más valor a un título, al nombre de un colegio o universidad, o a la reputación de una empresa y que nos olvidemos de la manera en la que llegamos a conseguir ciertos objetivos, que es donde realmente debería residir el éxito, el resto son solo consecuencias.

En este ámbito el deporte puede adquirir un valor diferenciador dando más importancia a la forma de trabajar que a los resultados. Por ello, muchos educadores deportivos, entrenadores, formadores e instituciones deportivas deben replantear su metodología y su rol en la formación de los jóvenes. Si todos los profesionales que de un modo u otro estamos vinculados al mundo del deporte aceptamos de una vez por todas que el destino, la finalidad de la práctica deportiva, no es el profesionalismo, entonces estaremos abiertos a un sinfín de posibilidades para crear entornos que favorezcan el aprendizaje integral durante ese viaje.

En un país de fútbol como es España y como futbolista no encuentro referencias fiables de las posibilidades de convertirse en futbolista profesional así que me apoyaré en este artículo de Business Insider que defiende que solo un 1% de los futbolistas universitarios de Estados Unidos (unos 37,000) se convierten en profesionales, algo que puedo ratificar después de haber jugado con cientos de  jugadores durante más de 15 años (de mis compañeros solo Fernando Torres y Gabi son futbolistas profesionales hoy).

Solamente cuando asumamos que el objetivo final del deporte no es crear deportistas profesionales sinoprofesionales que utilicen los valores del deporte para desarrollar de manera exitosa sus responsabilidades profesionales, sociales y personales estaremos en posición de sacarle el máximo partido a las experiencias adquiridas durante años de entrenamiento, competición, trabajo y sacrificio.

Es así como los valores del deporte entran en escena ya que existe una transferencia positiva de actitudes que tienen muchísimo valor en nuestra sociedad. El hecho de que los jóvenes practiquen deporte nos da la oportunidad de tener un elemento valiosísimo para producir un cambio importante en nuestra sociedad que busque conseguir que todos seamos capaces de disfrutar el viaje mientras llegamos a nuestro destino. Esto es importante principalmente porque en la mayoría de ocasiones no sabemos hacia dónde vamos, lo vamos decidiendo en el camino. Por esto es fundamental generar entornos formativos que den más importancia a la creación de experiencias y resolución de tareas que a la consecución de objetivos porque al final la vida tiene mucho más que ver con eso que con cualquier otra cosa.

El éxito no es que esté sobre valorado pero si está mal interpretado porque en primer lugar es subjetivo y porque además la sensación de satisfacción que produce cuando lo asociamos a la conclusión de objetivos es temporal (inmediatamente después estamos pensando en otro objetivo). Sin embargo todos tenemos la posibilidad de conseguir esa sensación de satisfacción continua si asociamos el éxito a aquellas tareas que nos llevan a conseguir esos objetivos.

The Journey Is The Destination

Óscar González Peinado
oscar.gonzalez@agmsports.com
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